Rafito tu papi murió, me dijo mi mamá cuando tenía 9 años. Al día siguiente vería en un diario la foto de él en la amorgue, familiares reclaman justicia, decía el titular. Mi padre fue torturado y asesinado por ser militante de lo que fue el MRTA.
La directora de mi colegio propuso que yo me quedara con ella para que mi mamá pudiera hacer las denuncias. Así mi mamá logro poner la denuncia en IDL y APRODEH. Más no se pudo hacer en esa época, era el año 93, un año después del autogolpe de Fujimori. La familia de mi papá dijo que los amenazaron de muerte y decidieron no continuar con la denuncia. Mi madre no tuvo más opción que dejar el caso así.
Comenzó una larga etapa de silencio. Muchas razones hubieron para ello. Pero el pasado está ahí y siempre estará ahí demandando que lo afrontes. Ya lo que había hecho mi madre bastó para que en el marco del proceso de la CVR el caso de mi padre fuera considerado dentro de los 46 casos que se recomendaban judicializar inmediatamente pues había suficientes pruebas que demostraban la violación a los derechos humanos.
Nos enteramos por los titulares de los diarios que el caso de mi padre estaba dentro de los 46. Ese mismo día junto al esposo de mi mamá fuimos a APRODEH en busca de apoyo para llevar el caso. No fue fácil pero al poco tiempo ya me representaban legalmente. Para el segundo juicio me dijeron que ya no podían asumir el caso y desde ahí es una abogada independiente, Nilda Tincopa, quien lleva el caso.
Hasta la fecha van tres juicios, los tres con la misma sentencia: absolución de todos los implicados. Los diferentes juzgados nunca han puesto en duda que mi padre fue torturado y asesinado. Sin embargo nunca ordenan que se investigue para determinar quiénes son los responsables.
En pocos días se cumplen 25 años de la tortura y asesinato de Rafael Salgado Castilla, mi padre. Se cumplen también 25 Años De Impunidad.
