Ida o Ana
Así seguro, si hubiera querido pensar cómo sería la Ana de mi infancia, sería así. Muy loco, porque quizás no se llamaba Ana, y se llamaba Ida, como en la película. Vestiría diferente quizás, no como en la foto, sino más al estilo polaco que yo he imaginado siempre que hablan de Polonia: una falda de una tonalidad marrón un poco más abajo de las rodillas, un blusa con cuello y una chompa encima, y botas, definitivamente botas altas y negras que llegan casi a la misma altura que la falda. Y siempre, siempre con una mirada entre triste y nostálgica, una mirada que entraña la incertidumbre de un pasado no conocido del todo, un presente con muchas dudas e inseguridades y un futuro… ay el futuro, más incierto que nada… ni nadie.
Cuánto me marcó ese librito, “Ben quiere a Ana” mi padre me lo dio cuando tenía 6 años. Decía que me ayudaría, o quizás no decía eso y me lo dio para que vea que los niñxs también se enamoran a su manera.
Me marcó tanto que este blog se llama Cavilaciones, porque a esa edad, mis 6 añitos, descubrí la palabra cavilar, decía el autor que Ben gustaba de cavilar. Años después descubrí que a mi también, lo descubrí cuando terminé de entender que significaba cavilar.
Y aquí estoy, aquí sigo y seguiré cavilando.