Cavilaciones

Cavilaciones

Juntxs contra toda impunidad?

En el Perú hay crímenes que son condenados, que indignan y víctimas por las cuales luchar. Existen otros crímenes que no indignan, que no se condenan y víctimas condenadas a la indiferencia y al silencio... como la tortura y asesinato de mi padre.
En octubre del 2005 El Comercio (Perú) el diario me entrevistó porque el caso de mi padre #RafaelSalgadoCastilla fue uno de los 22 casos que se judicializaron por recomendación de la CVR, y sería el primero en el que se dictó sentencia: la absolución de todos los implicados. En esa entrevista me preguntaron ¿tu padre fue del MRTA? Yo solo atiné a decir: no sé, era muy pequeño. Ahí decidí que lucharía por justicia y verdad reconociendo la militancia de mi padre en el MRTA, pues fue por eso que un 17 de abril lo torturaron hasta matarlo.
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En abril también se conmemora desde hace unos años la sentencia a 25 años de cárcel para #Fujimori por los casos de #BarriosAltos, #laCantuta y los secuestros. Mucha gente lo conmemora difundiendo la portada del Diario La República donde se lee «Se demostró, no eran terroristas». Desde la primera vez que la vi siempre me queda el sin sabor del mensaje que transmite y no saber muy bien qué decir.
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Al publicar esa portada se está afirmando implícitamente que los “terroristas” no merecen justicia. Se afirma entonces que los #DDHH no son para todxs. Que hay crímenes que son condenados, que indignan y víctimas por las cuales luchar. Y que existen otros crímenes que no indignan, que no se condenan y víctimas condenadas a la indiferencia y al silencio.
El contexto peruano es tan duro que se ha arrinconado al movimiento de derechos humanos obligando a muchas víctimas a que parte de su lucha por verdad y justicia sea enfrentar el terruqueo. A vivir luchando por demostrar la inocencia de su familiar, pues saben que si su familiar es considerado terrorista, no habrá justicia. Lamentablemente así, en la práctica, quienes fueron de #SenderoLuminoso o del #MRTA no pueden ser considerados víctimas aun hayan sido torturadxs, violadxs, exiliadxs, asesinadxs o desaparecidxs por el Estado.
Cada abril, desde hace 15 años digo algo públicamente sobre lo sucedido con mi padre y sus consecuencias en mi vida. Otra vez aquí estoy, junto a otrxs “tomando la Historia por asalto para escribirla en clave menor, sin mayúsculas, pero ya no en voz baja. Seguiremos siendo molestos, seguiremos siendo la presencia poco deseada…” Historias como la mía son incómodas, lo sé, pues parten del reconocimiento de la militancia de nuestros familiares en el MRTA. Pero también sabemos que poco a poco se abren grietas en el silencio y el miedo, y nos vamos encontrando con otras historias para aportar a construir un país en el que podamos con-vivir dignamente.
Es fundamental visibilizar esos encuentros para vencer al terruqueo, y la división que ha generado entre quienes luchamos por verdad y justicia. Rechacemos «la memoria que se utiliza para dividirnos, para legitimar unas versiones sobre otras, estigmatizando aquellas que resultan inconvenientes para el discurso oficial». No se trata de defender el accionar de SL o del MRTA. Se trata de asumir el consenso de que no es posible aceptar ningún crimen de lesa humanidad, no importa quién lo hizo, no importa contra quien, no importan las justificaciones.
Si ese consenso es compartido, si realmente creemos que los ddhh son universales ¿Por qué no podemos luchar juntxs por todas las víctimas? ¿Por qué no luchar juntxs contra toda impunidad?

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