La primera vez que vi a Nilda fue en su oficina ubicada en un edificio que queda en la esquina de la avenida Arenales y el jirón Risso. Cuando llegué a la dirección me sorprendí mucho, era el mismo edificio al que durante muchos meses había visitado continuamente pues una tía mía vivía en el tercer piso y yo me quedaba en su casa de tanto en tanto.
Ni bien entré a la oficina de Nilda nos sentamos. Rápidamente, empecé a ver los alrededores. habían muchos documentos legales, libros de leyes, un computadora y una impresora, no habían muchas cosas más. Pero lo que captó mi atención, y que no podía dejar de ver cada vez que estuve ahí, era un sticker, pegado en la pared detrás de su silla de escritorio. Era un triángulo con el símbolo de prohibido donde se leía “Zona Libre de Machismo”.
Ese primer día hablamos del caso de mi papá, de las cosas que se habían realizado hasta el momento. Yo llegaba con muchas dudas, con mucho desazón, hacía poco tiempo que la asociación de ddhh que llevaba el caso me había informado que ya no podían seguir haciéndolo porque no tenían recursos financieros ni abogados. Pensaba que quizás Nilda no aceptaría pues se trataba de un caso en el que había que defender los derechos de un militante del MRTA.
Luego de explicarle el caso, las cosas que se habían hecho y de preguntarle si ella podría asumirlo a pesar de… ella me dijo: todos merecen la defensa de sus derechos, no hay ninguna razón que me impediría defenderlo. Nunca hablamos de dinero, aunque muchas veces le pregunté. Nunca me pidió nada. Yo, cada vez que pude, le depositaba algo de dinero. Pero jamás dejo de hacer algo por el caso de mi padre.
Luego, en las siguientes conversaciones que tuvimos fui constando su fuerza y su coherencia, su defensa irestricta de los ddhh de todas las personas. Creo que el momento más fuerte que viví con ella, fue cuando pude asistir a una audiencia por el caso de mi papá, algo que cuento en mi libro #Desilenciosyotrosruidos y que pueden leer en las imagenes que les comparto.
Me ha tomado unos días poder hilvanar estas líneas, son días muy tristes, después de enterarme de la partida de Nilda Tincopa, una imprescindible. Nilda nunca se centró solo en el caso de mi papá, en los aspectos legales. Siempre que le pedí nos reuníamos para ver el caso, pero también eran momentos donde descargaba la impotencia y rabia por la impunidad. Ella siempre me escuchó, siempre me dio aliento, siempre buscó que tuvieramos una mirada política de lo que pasaba, y de porqué no avanzaba el caso.
Ahora, en concreto no tengo una defensa legal para seguir el caso. Pero lo más duro e importante, es que Nilda ya no continuará defendiendo los ddhh de todas las personas que pudo. Nilda, una imprescindible, que queda muy bien descrita por Coco Tacuri:
“Nilda no era abogada para una organización determinada, no hacía diferencia entre los presos por sus filiación, no tenía sesgo sectario o simpatías para dar preferencias; no, defendía a todos y todas que lo solicitaban con alto grado de autonomía y sobre todo convicción.
Se impuso la tarea de defender a muchos presos inocentes, militantes de Sendero Luminoso, del MRTA, de los soldados etnocaceristas detenidos en Andahuaylas y de centenares de luchadores sociales que por diversas circunstancias tenían que enfrentar el poder punitivo del Estado.
Nunca dejo de reclamar por las condiciones carcelarias de sus defendidos, no sé limitó cómo otros abogados a ver solo el expediente o ol jucio, y sobre todo, era muy irreverente frente a los protocolos de seguridad que los penales imponían a los abogados para desmoralizarlos.”
Vuela más alto Nilda, porque ya volabas alto cuando estuviste entre nosotros !
Nos harás mucha falta!
