Siempre pensé, en los varios años qué pasé antes de volver a Perú, que la pregunta que más me harían, sería ¿tu papá fue terrorista? que la idea que más me increparían que asuma sería aquella, que evidencie un deslinde rotundo con el accionar que tuvo mi padre, y a través de eso, un deslinde con el MRTA.
Ensayé por varios años, una respuesta, o múltiples respuestas. Pensando en diferentes públicos, en diferentes maneras de entender lo que sucedió durante esos largos años que fueron los 80 y 90 en mi país. No sólo porque, en esta lucha para que el asesinato de mi padre no quede impune, estoy claro que harán ese tipo de preguntas. Sino también porque, forjado al calor de esos años, soy de esas personas que intenta comprometerse con la transformación radical de la sociedad, para aportar a que sea más justa, mas equitativa, sin impunidad, pero sobre todo construir una sociedad que pueda vivir dignamente y en paz.
Pero al parecer, esas preguntas no bastan. Quizás no baste nunca para gran sector de esta sociedad. Hace poco, en un debate “público” preguntaban al leer el pronunciamiento de fundación de H.I.J.O.S. de Perú ¿Por dónde estos “Hijos” no piden perdón por los crímenes del Terrorismo del MRTA? Yo me pregunto, y pregunto en voz alta, ¿Por qué yo tendría que pedir perdón? ¿Por qué nosotrxs, lxs hijxs de quienes militaron en el MRTA tendríamos que pedir perdón?
Esta persona cambió su parecer, y orientó sus cuestionamientos, al deslinde, que según él y seguramente muchas personas, sienten que deberíamos hacer respecto al accionar de nuestros familiares durante los 80 y 90. Esto me deja reflexionando sobre cómo toma la sociedad peruana nuestra forma de entender lo que sucedió en los 80 y 90, cómo vemos y sentimos a nuestros familiares, nuestros padres, madres, tíos y tías, y cómo, a partir de lo vivido, de nuestras memorias y nuestras reflexiones, hoy intentamos aportar al país, luchando contra toda impunidad.
Aquí algunos comentarios.
En diversos escritos públicos, yo, y los H.I.J.O.S. de Perú, hemos sido claros, al decir que no estamos de acuerdo con una amnistía, pues como decimos casi desde que nos formamos, luchamos “Contra toda impunidad”. Esto a nuestro juicio, indica claramente que no estamos de acuerdo con las violaciones a los derechos humanos que se han cometido en ese periodo.
Por otro lado, nos preguntamos, ¿Qué más espera esta sociedad peruana? Nuestros familiares han sido condenados por el Estado peruano, bajo una normativa anti-terrorista, como la llaman, creada durante el periodo de la dictadura fujimontesinista. Volvieron a ser juzgados, en “democracia”, y volvieron a ser sentenciados. Ellxs mismos, nuestros familiares, han pasando muchos años de cárcel y muchos aún siguen presxs. Las condiciones carcelarias son por decir lo menos inhumanas, incluso 4 de ellxs han estado y algunos siguen en cárceles militares, situación que mediante juicios nacionales e internacionales se ha sentenciado que deben ser trasladados inmediatamente a cárceles civiles.
Por otro lado, es bien conocido, que ese mismo Estado, no ha juzgado con la misma fuerza a los militares que cometieron crímenes de lesa humanidad, contra nuestros familiares y contra muchos personas en todo el país. ¿A eso como le llaman, quienes nos piden que pidamos perdón, o que deslindemos con nuestros familiares? Para nosotrxs está claro que eso se llama Terrorismo de Estado. Por ejemplo, mi padre, Rafael Salgado Castilla, fue torturado y asesinado en 1993. Junto a él, se le torturó a Gladyz Espinoza, quien hoy siguen presa en el penal Santa Mónica. Ambos casos, siguen impunes, absolviendo a los implicados, y sin ni siquiera ordenar una investigación que determine quiénes son los responsables.
En nuestro país hace falta justicia, hace falta erradicar la impunidad. Me pregunto, si esos mismos que nos piden que nosotrxs pidamos perdón y/o deslindemos con nuestros familiares, son capaces también de exigir con la misma fuerza, que las violaciones a los derechos humanos de nuestros familiares, independientemente de que hayan pertenecido al MRTA, sean juzgadas y no queden impunes, o nos dirán – “bueno, ellxs eran terroristas”. Nos quieren decir acaso que ¿para ellxs no hay derechos humanos?
Erradicar la impunidad que existe en la inmensa mayoría de casos de crímenes de lesa humanidad cometidos durante los 80 y 90, sería un primer gran paso para construir un sociedad donde no se repita todo lo sucedido durante esos años. Construir un país, donde nuestros derechos a la tierra, al techo, al trabajo, a una vida digna sea lo central de la acción política, económica y social sería un segunda gran paso, que indudablemente, impediría repetir lo vivido. ¿Estamos tan distante de esa realidad?