Cavilaciones

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Recordar, c’est vivre à nouveau (es volver vivir)

Recordar, de David y Marisel Méndez Yépez es una obra de teatro y mucho más. Lo que vemos son historias de vida, contadas por esas vidas. Es la historia de David y Marisel contada por ellxs mismxs. Una historia marcada por la guerra interna peruana, por el terruqueo. Una historia de migración, de exilio, de choques culturales, de pérdidas, de duelos y de memoria.

Recordar, de David y Marisel Méndez Yépez es una obra de teatro y mucho más. Ellos crecieron en Bélgica, David incluso nació ahí, luego de que sus padres decidieran quedarse, exiliarse, porque a su tía la acusaban de ser miembro del Sendero Luminoso pues había sido amiga de Nelly Evans. Por todo ello pasó cinco años y medio de prisión y nueve años de exilio. Ambos crecieron con esa historia, con “ESO” de lo que a veces se habla, pero muchas veces no, porque cuesta. ESO que heredaron, que marcó sus vidas, su familia, su país, o por lo menos ese donde se encuentra gran parte de sus orígenes.

A David lo conocí en Bélgica, en un plantón contra el indulto a Fujimori. Hablamos un rato y quedamos en comunicarnos para otros eventos relacionados con Perú. Pero fue en un segundo encuentro, esta vez del otro lado del charco, en Perú cuando nació la amistad. Yo estaba de vacaciones en Perú con mi familia, y él estaba allá justamente investigando para su obra de teatro. Sin saberlo, ambos fuimos invitados por amistades belgas que tenemos en común a un almuerzo. Ahí charlamos. Él nos contó su historia y de su proyecto. Yo le conté de mi historia y del libro que había escrito. La memoria, la historia de la que venimos, que tantas veces nos divide, esa vez fue lo que nos acercó.

Siempre digo que cuando logremos acabar con el terruqueo, la criminalización y la censura, nos daremos cuenta a que punto nuestras historias están interconectadas. Nuestras historias son otro ejemplo. Nuestras familias hacen parte de esa generación que participó de las luchas sociales de los años 70 y 80. Nos dimos cuenta rápidamente de cuantas personas en común teníamos que atravesaron nuestras vidas de diferente manera. Quizás lo más loco fue darnos cuenta de que yo había estudiado en el colegio con una familiar muy cercana de la sra Evans.  

Pero no son solo las personas o los momentos comunes lo que nos conecta. Son también las vivencias, las emociones. Esa que experimentaron cuando llegaron a Bélgica, y durante muchos años, sus padres, creo que sobre todo su mamá siempre pensó en que iban a volver, cada año hablaban del retorno. Pero nunca lo hicieron, siguen viviendo acá. Igual pero diferente le pasó a mi familia. Cuando llegamos al barrio, a San Juan de Lurigancho, durante muchos años hablamos de mudarnos, que pronto saldríamos de ese lugar al que llegamos obligados por la guerra ¿exilio? ¿desplazamiento forzado? Nunca nos fuimos, hoy seguimos viviendo ahí.

“Recordar”. Tuve la oportunidad de ver la obra hace ya varios meses cuando se estrenó en Bélgica. Desde que supe del proyecto, y se reafirmó al ver la obra, me puse a pensar en todo lo que pueda significar «hacer memoria» pensar en nuestras historias desde tan lejos, elaborar todo lo vivido en el exilio. Decía que es una obra de teatro y mucho más, porque lo que vemos son historias de vida, contadas por esas vidas, es la historia de David y Marisel contada por ellxs mismxs. Una historia marcada por la guerra interna peruana, por el terruqueo. Una historia de migración, de exilio, de choques culturales, de pérdidas, de duelos y de memoria.

Contar no es solo nombrar hechos, fechas, personas. Contar, y sobre todo hacerlo en público, implica todo una reflexión sobre qué quiero contar, qué quiero y puedo hacer público. ¿Qué es nuestro y que no de nuestras propias historias? ¿Hasta dónde podemos llegar cuando contamos en público? ¿Qué consecuencias traerá para uno y para nuestras familias?

Me emociona mucho que en «Recordar» hayan momentos en que el arte, el teatro, nos permite diálogos con quienes ya no están. Así David y Marisel «dialogan» con su padre, le hacen preguntas incómodas, se quejan de que nunca responde y nos muestran lo difícil de caminar con la ausencia de la persona y sus respuestas. Pero no se quedan ahí, es solo una forma de construir en el presente las respuestas que no tuvimos, construyéndolas en ese diálogo ficcionado. ¿A cuántos no nos ha tocado tener que crear esas ficciones para resolver preguntas que se quedaron en el aire, o que llegaron después, de que perdimos a nuestros seres queridos durante la guerra interna peruana?

El mismo día que vi la obra conversamos, nos abrazamos, le dije que me había emocionado mucho, que había pensado en mí, como hijo, pero también en mí, como padre. No pude decir mucho más. Al poco tiempo quedamos en vernos para conversar, compartirle mis impresiones y hablar también sobre lo que podría significar presentar la obra en Perú como podría recibirse allá. Sería largo ahondar en todo lo dicho, recuerdo sí que le dije que las partes en que habla de la violencia como respuesta de los oprimidos podría ser problemático en Perú. Recuerdo que en la obra en un dialogo ficción con su padre hablan de la época de la guerra, del qué hacer frente a la violencia estructural de hambre, de represión. Hablan también de Palestina, y la pregunta se queda en el aire ¿qué hacer en situaciones límites de opresión, despojo, colonialismo, genocidio?

Inicialmente “Recordar” se iba a presentar en el Lugar de la memoria, pero luego de la destitución de Manuel Burga, y del contexto creciente de terruqueo, decidieron presentar la obra en el teatro Yuyahckani. Fueron tres funciones a sala llena. Vi varios reportajes y me pareció lindo que se creara ese espacio para compartir memorias. Mi familia pudo ir a ver la obra. Y todos sentimos la importancia y la necesidad de continuar creando esos espacios en el que se escuchen TODAS las historias, porque SÍ, en Perú aun hay muchas historias silenciadas. Escucharlas es un enorme paso para derrotar el terruqueo y la impunidad.

Al ver la obra no pude dejar de sentirme a la vez como hijo, con una historia también fuertemente ligada a la guerra interna peruana, y al mismo tiempo sentirme como padre, de dos hijxs, que crecen en otro país, como crecieron Marisel y David. Quizás confrontados a muchos sentires similares, muchos silencios, o emociones que les trasmite su padre que no logran comprender del todo. ¿qué les estoy legando? ¿qué cajas les estaré preparando a mis hijxs? cajas físicas como las que el padre de ellxs les dejó, y que finalmente no son solo lo material, sino lo inmaterial y es quizás esto último lo más pesado.

Al ver la obra, y ahora al recordarla, constato como la guerra sigue atravesándonos como sociedad, a nivel colectivo e individual. Nos atraviesa a pesar de tantos calendarios que ya pasaron, y a pesar de estar en geografías tan distintas. Pero también constato como vamos llenándonos de coraje para hacer frente al pasado, para hacer esas preguntas que quizás nunca tenga respuestas, o que vayan cambiando con el tiempo, pero que nos permitan vivir, y así ir avanzando como sociedad para acabar con el terruqueo y con la impunidad.

«Recordar» es una bonita forma en que David y Marisel continúan elaborando su historia personal, familiar. Un proceso eternamente inacabado. «Recordar» termina siendo también una invitación a elaborar NUESTRA historia, la peruana. Una historia que para ser elaborada, repensada, reclama, necesita todas estas «pequeñas» historias. Que rebasan los límites geográficos, pues la guerra y quienes la ganaron, se encargaron de diseminarnos por varias geografías. Y sí, solo lograremos conocer todas estas historias, tan interconectadas en la medida que logremos acabar con el terruqueo y la censura. Cuando nos abramos a escuchar más historias por más dolorosas que sean, por más en contra que estemos de lo que nos cuenta y de quienes las cuentan. Será en ese acto de escucha que iremos dando algunos pasas para acercarnos aunque sea un poco más como sociedad.

Espero tengan la oportunidad de ver “Recordar” de David y Marisel. Espero que les inspire tanto como a mí.

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