Tenía cinco años cuando mi padre me regaló un tractor de madera. Lo había comprado en Alemania, durante uno de los viajes que tuvo que realizar por su militancia en el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru – MRTA. En el marco de su militancia realizó diversos viajes a diferentes países en América latina y en Europa. No sé qué tan frecuentes fueron sus viajes al extranjero. Sí sé que cada vez que volvía me traía un juguete del país al que había ido.
No recuerdo el día en que me entregó el tractor. No sé si me lo dio en Lima, donde vivíamos, y yo decidí llevarlo a Chimbote, donde vivían mis abuelos maternos y con quienes pasaba mis vacaciones de verano. Sí me acuerdo del tractor en esos veranos. Me recuerdo jugando con él en el jardín de mis abuelos, llenando de tierra una plataforma que iba detrás del tractor, una parte del juguete que se perdió. Me recuerdo de rodillas llevando el tractor de un lado a otro.

Mi padre fue un joven que se comprometió con la lucha social, su compromiso social y su inspiración cristiana, lo llevaron a militar en el MRTA. Para el año de 1993, yo tenía 9 años y mi papá junto a su nueva pareja, estaban esperando el nacimiento de mi hermano. En esa época mi padre repartía su tiempo entre su militancia y su paternidad, hasta que el 17 de abril alrededor de las 16h fue capturado arbitrariamente, torturado por unas horas y finalmente asesinado por miembros de la policía peruana. Mi hermano nació cuatro días después.
Luego de su muerte, con el pasar del tiempo dejé de jugar con el tractor. Sin embargo, cada vez que llegaba a la casa de mis abuelos, como un reflejo, buscaba el tractor. Siento ahora, mientras escribo estas líneas, que era una forma de sentir que todo lo vivido junto a mi padre era cierto, el tractor era una constatación material de que mis recuerdos eran ciertos. Luego de que terminé el colegio, mis viajes a Chimbote se fueron espaciando, pero cada vez que fui lo buscaba, como siempre. Quizás el hecho de que fueran más esporádicas mis visitas hizo que mis abuelos le buscarán cada vez lugares más escondidos, tratando de minimizar la presencia de un objeto que les recordaba la muerte de mi padre, a quien quisieron mucho, y también que su nieto, al que sentían como un hijo, ya no iba todos los veranos. El tractor estuvo por muchos años dentro de una bolsa plástica encima del ropero en el cuarto de mis abuelos.
La llegada de mis hijxs me trajo al presente el recuerdo del tractor, pero no solo eso, me hizo sentir la necesidad de tenerlo cerca mío, incluso de dárselo a mis hijxs, contándoles que había sido un regalo que me hizo mi padre. En un principio quería dárselos y verles jugar con él. Sentía que era una muy bonita forma de que sintieran a su abuelo, no solo a través de mis relatos y de las fotos que les muestro, sino que gracias al tractor podrían jugar de alguna forma con su abuelo, o por lo menos yo me lo imaginaba así.
En enero de 2022, luego de casi 3 años de no ir a Perú por la pandemia, viajé junto a mi pareja y mis hijxs de 1 y 4 años en ese momento. Cuando llegamos a Chimbote al poco rato busqué el tractor y se los dí a mis hijxs. Intenté contarles lo significativo que era para mí, pero ellxs solo querían jugar con él. Durante unos instantes disfruté de ese momento, me acordé de mí jugando con el tractor. Me acordé de mi abuelo jugando a mi lado. Volví a sentir las emociones de alegría y paz que siempre me produce estar en Chimbote. Pero todo eso no duró mucho, cuando ví a mi hijo correr con él, sentarse encima, lanzarlo, en definitiva jugar como lo haría cualquier niño de su edad, me angustié: ¿y si se rompía el único juguete que me dio mi padre y que hasta ahora conservo? Ni bien pude captar la atención de mi hijo con otro juego, guardé el tractor.
No dudé mucho en tomar la decisión de traer el tractor a Bélgica, donde vivo actualmente. Lo que sí tengo muchas dudas de qué quiero hacer con él. ¿Qué cambia al tener el objeto? ¿Qué ha cambiado ahora que está conmigo todos los días? ¿Que cambia al verlo y no tocarlo, al estar escondido, cambia algo si lo pongo en un lugar central? ¿Quiero eso? ¿Darle esa centralidad?
A veces pienso que debería dárselo a mis hijxs para que jueguen con él. Aún no logro dárselos. No sé si lo logre.
Este texto lo escribí para la serie de exposiciones en el marco de la investigación de la SPEME "Objetos e historias" que investiga patrimonios y memorias traumáticas, así como formas de desarrollar y mejorar la política intersectorial y el intercambio de conocimientos. Hace parte de la exposición "Encuentro con la ausencia: Cuestionando patrimonios y memorias traumáticas", curada por estudiantes del MA Museum Studies y del MA Heritage and Memory Studies, estará abierta del 8 al 25 de mayo de 2023 en la sociedad de arte Arti et Amicitiae.
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