Quién eres tú? Le dije
Tu mami respondió ella.
Creo que ese es el primer recuerdo que tengo de mi madre. Cada cierto tiempo intento cavar hondo en mi memoria, mi único terreno propio. Hurgo entre mis recuerdos, entre esas imágenes borrosas que toman cuerpo y color, algunas se unen a otras para formar el tráiler de alguna historia que quiero contar, que quiero transmitir.
Ni ella ni yo, ninguno de los dos, tenemos el mismo recuerdo, es más, ella dice que eso nunca pasó. Los dos, madre e hijo al fin, estamos completamente seguros que nuestra memoria nunca nos falla. Entonces acá va mi versión, o esa ficción que con los años construí.
Estaba en Chimbote, así que podría haber sido enero, quizás febrero o incluso marzo. Hacía ya un tiempo que yo iba todos los veranos a casa de mis abuelos, Mamá Elsa y Papá Lucho, a pasar las vacaciones. Era más seguro, me contaría muchos más tarde mi mamá.
Un día al amanecer, mientras escuchaba el sonido del machete contra la tabla al picar la alfalfa para los animales, me di cuenta que en mi cama había alguien más. No me asuste, su presencia no me hacia sentir mal, la miraba echada a mi lado contemplándome.
Aun sin saber quien era le dije: quién eres?
Tu mami hijito.
Mi mami? No! Ella está ahora con Papá Lucho, dando de comer a los animales. Mamiiiii Elsa! La llamé, intentando afirmar que ella era mi mamá.
Yo soy tu mami -volvió a decir- mamá Elsa es mi mamá.
Tu mamá? Entonces tu eres mi hermana.
No hijito tu eres mi hijo y ella es tu abuelita, la Mamá Elsa.
Así lo recuerdo, quizás creé una forma de explicarme mis viajes todos los años a Chimbote y el porqué de esa relación tan cercana con mi abuela, la Mamá Elsa. Es como tener dos mamás.
